
Es tan fácil, tan rápido. Es frustante saber, que es la solución más fácil, pero la menos indicada. Tan sólo dura un segundo, es tomar una decisión, es sentir la satisfacción de hacer lo que uno quiere consigo mismo. Tan rápido es como la piel, se abre camino, para dejarle el paso a la sangre, que enfurecida sale a respirar... El aire de la frustración, el aire de la negación, de la amargura, la dulce amargura. Las lágrimas caen sobre la sangre, atacándola; se escuchan los gritos de dolor mezclado con placer, se escucha la sinfonía que jamás había sido revelada, se escucha y se siente, como la desesperación, lentamente, aparece. Es una sensación algo extraña... Es como ser atrapado por la luz y la oscuridad al mismo tiempo, es sentir el dolor y el placer, es ser alguien y no serlo. Cuando la sangre logra liberarse considerablemente, ella corre, corre por su vida, siente que ya no está ahí, siente que todo no es normal, considera que hay algo más; corre hacia el baño, corre a buscar consuelo, pone su muñeca bajo el agua, y grita por el dolor, grita por su piel, grita por su vida. Toma papel, lo enrozca en su muñeca, y comienza a llorar nuevamente. Las lágrimas caen, su cara está pálida, sus labios, marchitos. Empieza a recordar algunos momentos, empieza a tener un poco de culpa, se siente idiota, no comprende la razón. Se recuesta sobre su cama, esperando a que llegue el final, esperando para dar su último respiro, para ver su último día pasar. Le duele, duele la piel, su piel se comienza a erizar, siente un fuerte frío en su espalda. Mira el techo, su boca forma una pequeña sonrisa; piensa en su familia, sus amigos, piensa en los buenos momentos pasados. Ya no hay nada, espera el momento, sus padres no están, sus hermanos tampoco; comienza a llorar, pero nadie la va a encontrar, no van a llegar a tiempo, nadie lo va a lograr. Mientras sonríe, su última lágrima cae, y sus ojos logra cerrar; y es así como todo se convierte en una tragedia.
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